Engaño y desamparo
Por Carlos Resio.
El pasado domingo dos perros dogo sin control mataron a mordidas a una niña de 15 años que había salido a pasear en un tranquilo barrio de la ciudad de Córdoba. Le destrozaron el cuello y la cabeza en cuestión de segundos para luego seguir con su enloquecida faena dentro del domicilio de un vecino que pudo ultimarlos a puñaladas. Toda esta escena en no mas de dos o tres minutos. Es como si hubiera caído un rayo o un meteorito. Pero estos fenómenos son imprevisibles, en cambio lo que mató a Trinidad es el resultado del engaño y el desamparo en que vive nuestra sociedad en este simulacro democrático en el que aceptamos vivir. Este dramático hecho, nada más grave que la muerte de una niña, es consecuencia de la desidia y desprecio cívico del dueño de los perros pero sobre todo por la maldita inoperancia y mediocridad de los funcionarios y el sistema en el que trabajan. El propietario de los perros, que no tienen ninguna responsabilidad en el hecho, fue denunciado más de seis veces por no impedir que sus animales salieran de su casa amedrentando a los vecinos. El año pasado fue condenado a realizar trabajos comunitarios a los que se negó a asistir a cambio de pagar $1000 de multa. Hoy es acusado de homicidio culposo y quizá a él le toque una condena en suspenso y a quienes debieron cuidar a Trinidad desde el Estado no los alcance ni el remordimiento de no haber hecho lo suficiente.
Esta democracia que debiera cuidarnos a todos tampoco cuidó a tantas mujeres que a pesar de haber hecho incontables denuncias fueron asesinadas sin que esto modifique los protocolos ideados para evitar sus muertes.
Y así seguimos. Las leyes y controles se hacen a medias, tarde, desordenados, sin ganas y para ir probando. Mientras tanto ahí están estas muertes y solo por tomar dos ejemplos porque también están las de Rosario y las de las rutas argentinas en una larga lista.
Y traje a la muerte para que me acompañe en la apertura de la columna porque ya está presente en los efectos que ocasiona nuestra democracia simulada y además viene siendo invitada en los discursos de odio desde hace años sin que, al parecer, se haga lo suficiente para conjurar su entronización.
El acostumbramiento a esta baja calidad de respuesta institucional hace también que apenas nos saque alguna expresión de conveniente asombro cuando Eduardo Feinman asevera que el kirchnerismo es asemejable a un virus, a una bacteria pandémica que infecta nuestro país y a la que hay que eliminar a modo de desinfección. A esto se suma la violencia institucional en Jujuy que condena al desamparo a sus habitantes que se defienden con piedras y palos sin que el gobierno nacional atine siquiera a expresar repudio y que tiene a su mentor como candidato a vicepresidente de la fórmula mas blanda de la derecha. Esta violencia fue preanunciada por Mauricio Macri cuando dijo que los liderazgos deben asumir las muertes en la protesta callejera y hoy es ofrecida sin pudor en el menú electoral de Juntos por el Cambio y el fenómeno de circo que ya no es tan querido por sus dueños pero safó de la cadena que lo sujetaba y está descontrolado.
Pero este tipo de violencias no es la única a la que nos hemos acostumbrado y por ello no nos provoca una proporcionada reacción. El obsceno espectáculo de jueces y fiscales en connivencia con funcionarios macristas compartiendo viajes y eventos deportivos, el entramado de espionaje ilegal organizado desde oficinas públicas cambiemitas a la luz pública, vergonzosa la suprema corte de justicia de la nación que con total impudicia interviene en el proceso electoral suspendiendo incluso el acto eleccionario de provincias de signo contrario a sus intereses pero se inhibe de hacerlo cuando el caso es un Macri. La ley de medios mutilada, la ausencia del defensor del pueblo de la nación, el procurador general trucho, la deuda de correo, los aportantes truchos, el impúdico desprecio a la defensa de los derechos humanos llamándolos públicamente “el curro” y mil etcéteras que normalizan a los que los precedían y serán normalizados por los que vengan. A fuerza de número los hechos pierden el efecto de escándalo para convertirse en la aburrida normalidad.
No digo que no haya quienes dignamente se organizan para denunciar y resistir estos hechos. Ya vimos cómo se suspendieron, por ahora, los embates mineros contaminantes en Esquel y Andalgalá, la enorme pelea de Mempo Giardinelli y los integrantes de la Mesa Coordinadora de Defensa de la Soberanía Nacional sobre el Río Paraná o los casos más cercanos con son la Mesa por el No a las Represas que integran entre otros los compañeros Eduardo Luján y Raúl Aramendy, la lucha para poner fin al maltrato judicial que sufren las mujeres pobres en la provincia que protagonizan los abogados Roxana Rivas, José Luis Fuentes y Eduardo Paredes. 0 la protesta organizada contra el pésimo servicio de trasporte urbano y el pretendido aumento del precio del boleto como lo contaba en una entrevista en esta radio el compañero Luis Gilardoni. Lo que digo es que si no despierta la conciencia colectiva en pos de exigir una democracia de calidad, no se suma la sociedad en su conjunto a estos reclamos y seguimos en esta pereza de mediocridad vamos a tener el destino de la rana muerta por hervor paulatino.
La elección de Sergio Massa como el candidato del espacio nacional y popular desde donde pretendemos, o al menos eso expresamos ya que cuando quisieron matarla a Cristina no fue muy contundente nuestra reacción, construir una nación justa, libre y soberana para todos y todas, es en si mismo una derrota y por lo que se ve fue aceptada por mas compañeras y compañeros de los que me hubiera gustado. Incluso la digna candidatura del propio Juan Grabois es signo de derrota ya que es una candidatura voluntarista, convencida y patriótica pero que no expresa verdadera representatividad ni encarna un proyecto verdaderamente superador y colectivo adoleciendo de preparación programática y participativa obligando a compañeras y compañeros de todo el país a realizar esfuerzos desesperados para tratar de darle algo de soporte a sus posibilidades.
La situación a la que hemos llegado no es resultado de un momento de extravío de último minuto sino de haber recorrido un camino en el que fuimos postergando exigencias y quizá equivocando objetivos en la participación. Habrá quienes tengan mayor capacidad para el análisis pero una causa me parece ver en este resultado y es la falta de interés una buena parte de la sociedad en la cosa pública y la incapacidad de relacionar esto con su propio desarrollo.
Años de un sistema educativo deficiente, una red de medios que ofrecen basura 24 x 7 todo el año, el sistema político que no alcanza a sostener un camino de soluciones efectivas y permanentes a viejas insatisfacciones hoy agravadas por la desigualdad y la inflación y otras causas, todas al servicio de un capitalismo devorador de vidas, han conformado a una sociedad que ha bajado la vara de sus pretensiones y hoy, entre el engaño y el desamparo, ha dejado de confiar en la política y sus dirigentes y solo pide, en gran medida, lo que la tele y las redes sociales le dicen que es lo que se merece y para eso están los mercaderes de odio prometiendo quimeras conseguidas a fuerza de cárcel o bala y cuyo objetivo final es satisfacer a los dueños del dinero que, con otra máscara pero los de siempre, son quienes verdaderamente manejan los hilos por fuera del encuadre escénico.
Hoy, estamos ante una situación desesperada. El esfuerzo es para que no ganen las elecciones unos personajes groseros y vergonzantes nos que dicen que nos van a moler a palos, que nos van a encarcelar, que van a eliminar derechos ganados hace un siglo y que van a seguir entregando nuestras riquezas a cambio de enriquecerse ellos mismos.
Ojalá ganemos pero más importante aún es que después de haber ganado entendamos que no podemos seguir haciendo las concesiones que nos han traído hasta aquí y de una vez por todas asumamos, como sociedad, el rol que nos corresponde que para una democracia de calidad no es condición suficiente pero si es condición necesaria.

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3